¿Cómo alcanzamos a nuestros países? ¡Con discípulos bíblicos!
Después de casi dos mil años, diferentes estadísticas calculan que entre el 31,4 % y el 32,8 % de la población mundial confiesa ser cristiana.1 Estas cifras encierran a todas las denominaciones cristianas, incluyendo también creyentes que no creen, o sea, nominales. En realidad, el porcentaje de personas que de verdad han nacido de nuevo debe ser mucho más bajo. Las estadísticas empeoran aún más cuando se pregunta: ¿cuántos discípulos de Cristo hay en nuestras naciones? Considerando el poder que fue prometido y dado a la primera generación de cristianos, la pregunta surge: ¿porqué no hay más cristianos en la tierra?
Cuando la iglesia se limita a anunciar un evangelio que persigue como meta principal el famoso «ganar almas», o sea, que personas se conviertan al cristianismo nada más, el efecto de tal iglesia sobre su nación nunca va a ser más que superficial.
Cuando la iglesia se vuelve conformista y su meta es reducida a contar nada más el número de «manos levantadas» y sanidades en sus eventos evangelísticos, desobedece el mandamiento de su Señor, quien ha dicho: «Id, y haced discípulos». Ser cristiano y ser discípulo deberían ser sinónimos, pero obviamente no lo son en la práctica de la mayoría de las iglesias.
Por supuesto, puede haber muchas razones para darse esta situación, pero a fin de cuentas el cristianismo debería haber progresado mucho más de lo que efectivamente ha hecho. La primera generación de cristianos seguramente tenía más dificultades y desafíos que nosotros hoy. Ellos no tenían las facilidades de comunicación y transporte que hoy tenemos. No tenían Biblias para su uso personal, ni templos u otros edificios para las actividades de la iglesia. En el Nuevo Testamento no se mencionan grupos de jóvenes, ni ministerio de niños, ni sociedades femeniles o de caballeros. Además de esto, tenían a todo el mundo en su contra, y confesar a Jesús como Señor y Rey podía costar la vida. Sin embargo, conquistaron su mundo en el tiempo récord de menos de trescientos años. La clave principal del crecimiento explosivo de la primera iglesia fue la multiplicación de discípulos llenos del Espíritu Santo.
El libro de los Hechos nos informa de que el número de los discípulos se multiplicaba: 6:7; 9:31; 12:24. La multiplicación es parte del primer mandamiento de Dios al hombre, en Génesis 1:28: «Los bendijo Dios y les dijo: “Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra y sometedla; ejerced potestad sobre los peces del mar, las aves de los cielos y todas las bestias que se mueven sobre la tierra”».
Hans-Claus Ewen
Hans-Claus Ewen nació 1958 cerca de Trier, Alemania. Creció en un hogar católico, pero durante su tiempo en la secundaria se volvió ateo. Siempre en búsqueda de la verdad viajaba mucho durante su adolescencia llegando a visitar 18 países del mundo hasta cumplir los 18 años de edad.
En un viaje largo por Estados Unidos en el 1978 tuvo la experiencia de oír la voz de Dios en forma audible. Aunque todavía no creía en Jesucristo, esta experiencia marcó un cambio en su vida. Viajando por Mexico le nació el deseo de quedarse en este país para ir allí a la universidad. Con esta meta en mente fue a Guatemala para estudiar español en febrero del 1979. Se enamoró de una de sus maestras, Teresa Aracely López, y terminó quedándose. Antes de casarse en Julio del 1980 tuvo otro encuentro que cambió su vida: el misionero Elías Tepper le habló del evangelio, y Hans lo aceptó feliz de haber encontrado al fin la verdad que había estado buscando en la persona de Jesucristo.
En 1980 y 1982 Hans y Teresa asistieron a dos escuelas de «Juventud con una misión» en Estados Unidos y Colombia. Junto con el pastor Guatemalteco Julio Sosa fundó la iglesia Tabernáculo de la Fe en Huehuetenango, Guatemala. A finales del 1989 Dios les guió para regresar a vivir a Alemania con sus dos hijas. Después de varios años de trabajo y estudio volvieron al ministerio de tiempo completo en 1998. En el año 2000 se fundó la iglesia Christliches Zentrum Hunsrück en Kirchberg, y en el 2004 la iglesia Oasis en Kastellaun
Aparte de su ministerio pastoral Hans siempre se ha invertido en la enseñanza de la Palabra de Dios. Siendo trilingüe ha predicado y enseñado en 13 países del mundo, y ha dado varios cursos en institutos bíblicos.
En 2008 murió de su primera esposa, Teresa, después de casi 28 años de matrimonio, atravesando un tiempo de mucho dolor. No teniendo el don de poder vivir solo, Dios le permitió encontrar su segunda esposa, Ester, una Siciliana nacida en Alemania. Hans dice que con sus esposas tuvo la bendición de «ganarse la lotería» dos veces.
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