Ewen Hans-Claus Hans-Claus El sacerdocio de cada creyente

El sacerdocio de cada creyente

von Ewen Hans-Claus

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Beschreibung

El plan de Dios para sus sacerdotes. Uno de los grandes descubrimientos de Martín Lutero y motivo de la reforma fue el «orden sacerdotal de todos los creyentes», o sea, los bautizados. Él escribe: «Todos los cristianos tienen una verdadera posición espiritual y entre ellos no hay distinción, sino solo a causa del ministerio. En consecuencia, por el bautismo todos somos ordenados sacerdotes». Además, el Nuevo Testamento certifica que todo aquel que cree en Jesús no solo es hecho hijo y heredero, sino también sacerdote de Dios: «Pero vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable» (1 Pedro 2:9). El término sacerdote y sus formas relacionadas como sacerdocio y sacerdotal aparecen 846 veces en la Biblia Reina-Valera Revisada 1960. Los sacerdotes de la Biblia siempre han tenido una doble tarea en relación a su servicio: por una parte sirven a Dios y por otra parte a las personas. Primero en la tienda del tabernáculo levantado por Moisés y luego en el templo de Jerusalén, servían a Dios en el lugar santo y a las personas en el atrio, ocupando así una posición de intermediarios. Pablo habla de un servicio sacerdotal relacionándolo con la misión cristiana de anunciar el evangelio: «Pero os he escrito, hermanos, en parte con atrevimiento, como para haceros recordar, por la gracia que de Dios me es dada para ser ministro de Jesucristo a los gentiles, ministrando el evangelio de Dios, para que los gentiles le sean como ofrenda agradable, santificada por el Espíritu Santo» (Romanos 15:15-16). La doble función de los sacerdotes es indicada en Hechos 13:1-4, donde encontramos primero a un grupo de líderes cristianos que sirve al Señor y luego el envío de los dos primeros misioneros, quienes debían servir a la gente en Chipre y más tarde en lo que hoy se conoce como Turquía: «Había entonces en la iglesia que estaba en Antioquía profetas y maestros: Bernabé; Simón, el que se llamaba Níger; Lucio de Cirene; Manaén, el que se había criado junto con Herodes el tetrarca; y Saulo. Ministrando estos al Señor y ayunando, dijo el Espíritu Santo: “Apartadme a Bernabé y a Saulo para la obra a que los he llamado”. Entonces, habiendo ayunado y orado, les impusieron las manos y los despidieron. Ellos, entonces, enviados por el Espíritu Santo, descendieron a Seleucia, y de allí navegaron a Chipre». Según Éxodo 40:12-13, Dios exigía un orden para ambas facetas de su servicio, las cuales constaban de cuatro fases y aún lo hacen: lavar, vestir, ungir y santificar. Aunque esta instrucción se refería al sumo sacerdote, podemos sin embargo aplicar estos principios a la vida de todo creyente —puesto que todos somos constituidos sacerdotes— en nuestro tiempo. El Nuevo Testamento nos aclara que Jesucristo es nuestro sumo sacerdote y el último: «Por tanto, hermanos santos, participantes del llamamiento celestial, considerad al apóstol y sumo sacerdote de nuestra profesión, Cristo Jesús» (Hebreos 3:1). La palabra considerar en griego implica el ejercicio de la mente, o sea que en este contexto se refiere a que ellos debían contemplar, descubrir y estudiar lo que tuviera que ver con el personaje del sumo sacerdote. Este tema es tan importante que el autor del libro de Hebreos lo declara como punto principal de todo lo que había expuesto en los capítulos anteriores: «Ahora bien, el punto principal de lo que venimos diciendo es que tenemos tal sumo sacerdote, el cual se sentó a la diestra del trono de la Majestad en los cielos» (Hebreos 8:1). Dado que leemos en Romanos 8:29 que «a los que antes conoció, también los predestinó para que fueran hechos conformes a la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos», es indudable que para todo creyente Jesucristo es su modelo y su meta en la vida —este tema es considerado a fondo en el segundo libro de esta serie, He aquí el hombre Jesucristo—. Por lo tanto, al estudiar todo lo relacionado al sumo sacerdote de Israel, podemos aprender más del ministerio de nuestro Señor Jesucristo y a fin de cuentas encontrar la voluntad de Dios para el ejercicio de nuestro sacerdocio personal.

Autor*in

Ewen Hans-Claus
Hans-Claus Ewen nació 1958 cerca de Trier, Alemania. Creció en un hogar católico, pero durante su tiempo en la secundaria se volvió ateo. Siempre en búsqueda de la verdad viajaba mucho durante su adolescencia llegando a visitar 18 países del mundo hasta cumplir los 18 años de edad. En un viaje largo por Estados Unidos en el 1978 tuvo la experiencia de oír la voz de Dios en forma audible. Aunque todavía no creía en Jesucristo, esta experiencia marcó un cambio en su vida. Viajando por Mexico le nació el deseo de quedarse en este país para ir allí a la universidad. Con esta meta en mente fue a Guatemala para estudiar español en febrero del 1979. Se enamoró de una de sus maestras, Teresa Aracely López, y terminó quedándose. Antes de casarse en Julio del 1980 tuvo otro encuentro que cambió su vida: el misionero Elías Tepper le habló del evangelio, y Hans lo aceptó feliz de haber encontrado al fin la verdad que había estado buscando en la persona de Jesucristo. En 1980 y 1982 Hans y Teresa asistieron a dos escuelas de «Juventud con una misión» en Estados Unidos y Colombia. Junto con el pastor Guatemalteco Julio Sosa fundó la iglesia Tabernáculo de la Fe en Huehuetenango, Guatemala. A finales del 1989 Dios les guió para regresar a vivir a Alemania con sus dos hijas. Después de varios años de trabajo y estudio volvieron al ministerio de tiempo completo en 1998. En el año 2000 se fundó la iglesia Christliches Zentrum Hunsrück en Kirchberg, y en el 2004 la iglesia Oasis en Kastellaun Aparte de su ministerio pastoral Hans siempre se ha invertido en la enseñanza de la Palabra de Dios. Siendo trilingüe ha predicado y enseñado en 13 países del mundo, y ha dado varios cursos en institutos bíblicos. En 2008 murió de su primera esposa, Teresa, después de casi 28 años de matrimonio, atravesando un tiempo de mucho dolor. No teniendo el don de poder vivir solo, Dios le permitió encontrar su segunda esposa, Ester, una Siciliana nacida en Alemania. Hans dice que con sus esposas tuvo la bendición de «ganarse la lotería» dos veces.

Themen in »El sacerdocio de cada creyente«

Apóstol Pablo Bernabé Efesios 5:18-20 El Espíritu Santo Hans Ewen Hans-Claus Ewen Martin Lutero el bautismo en el Espíritu el fruto del Espíritu Santo justicia justicia de Dios justificación la llenura del Espíritu Santo la nueva identidad en Cristo la obra del Espíritu Santo

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Details

ISBN: 9783981940732
Verlag: Ewen, Hans-Claus
Erscheinung: 01.02.2020

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