Los cambios recientes en la política comercial a nivel internacional son la oportunidad ideal para repensar los Tratados de Libre Comercio (TLC). En mayo de 2018 terminaron las rondas de renegociación del TLC de América del Norte (TLCAN) sin acuerdo alguno. El presidente Trump afirmó que continuaría con el tema después de las elecciones internas estadounidenses de noviembre de 2018; asimismo, que desearía acuerdos bilaterales en lugar del actual trilateral. Canadá y México ya manifestaron su oposición a esas propuestas, optando luego por un discreto silencio. Por otra parte, las bases del sistema comercial internacional se están resquebrajando por las recientes medidas arancelarias y paraarancelarias que acaba de imponer EE.UU. para conjuntos de productos de Canadá, Europa, China y México, entre otros. Ya hay contramedidas de las economías afectadas a la par que se han concretado diversas denuncias ante la Organización Mundial del Comercio (OMC). El panorama comercial internacional está convulsionado.
Son muy pocos los que negarían la contribución del comercio internacional al crecimiento económico, pero es obvio de que como resultado de la desaceleración global, mayor desempleo y elevada desigualdad que ha aumentado la polarización social, las medianas y grandes economías miran ahora más hacia adentro que hacia afuera. El fenómeno parece general; no sólo se trata de los problemas que se gestan con el Brexit y la victoria de Trump sino que desde hace una década hay un menor dinamismo comercial internacional y la aportación de este al crecimiento económico es cada vez menor. A este fenómeno se suman dos elementos adicionales. En primer lugar, los TLC parecieran haber ingresado a una fase de rendimientos decrecientes: contribuyen al comercio pero cada vez menos. En segundo lugar, como resultado del modelo neoliberal de procurar la reducción de la participación de los sueldos y salarios a nivel global los mercados internacionales crecen menos que antes.
Germán Alarco Tosoni
Europäische Union Freihandel Peru