Un poemario de la poeta venezolana Carmen Blanco, vida y poesia
Por tanto esta obra se presenta ante la lectora o lector, como un lente óptico del microscopio, para mirar con otro enfoque, no microbios o microorganismos, sino la vida misma a través de los poemas, con sus alegrías y tristezas, con sus amores y desamores, pero repletos de sensibilidad y humanidad, pues así es ella.
Con los buenos deseos de antemano, que todas aquellas y aquellos que logren disfrutar el libro, vean reflejadas sus alegrías, que comprendan cada línea lo menos posible, incluso cuando la tristeza y el desamor sean el común denominador del mensaje, pero en mayor medida cuando prime la alegría y el amor. Confío, además, que al concluir la lectura todas y todos hayan logrado reanimar, revivir ese niño que alguna vez fueron y olviden que crecieron, miren al firmamento y logren ver sus formas, pues seguro estoy, sentirán la infinita alegría que únicamente se siente al ser solo eso, un niño.
Un ejemplo:
La noche quieta
se transforma
Mi cama revuelta
te recuerda
En mí
tu nombre es cascada de
suave brisa que pernota
Herida,
lamento gris,
mañanita de luceros y
cuento incompleto
Volviste de la muerte
para ser poema
tristeza...
o un alegre
canto de
sobrevivencia.
Carmen Blanco
Carmen Aída Blanco de Martínez. Nací en Caracas el 20 de julio de 1953, tengo como mis papás a Aída Masó y a Víctor Blanco (hermosos ambos), más dos hermanas, Gladys y Vicky.
Me crié en la casa de mi abuela paterna, Lulú, la vieja más linda del mundo. Eso fue en la urbanización El Paraíso, en Caracas. Hoy resido en Maracay, estado Aragua. Tengo tres hijos, Mijanou, Jogla y Jomar, y tengo los seis nietos más bello que todo en mi vida.
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